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Pensar en blanco (Clary).

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Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 12, 2011 3:19 pm

La medianoche había quedado atrás desde hacía unas horas, y la noche cerrada era la más oscura en semanas, puesto que la luna había decidido no salir. Nadie se atrevía a rondar por una iglesia abandonada, y menos por aquella, ya que rumores contaban que estaba maldita. Para Jace en cambio, era el hogar. El chico abrió la puerta de la casa con el sigilo más profundo que se pueda imaginar en una noche en la que el silencio sólo se interrumpía esporádicamente por cuatro animalitos nocturnos. Era tarde y no quería despertar a los Lightwood, que probablemente ya dormían apaciblemente en sus camas. No era la primera vez que llegaba tarde, ni mucho menos. Jace era un chico que se daba a la noche, encontrando en ella un desahogo a la vida que le ahogaba. Hubo un periodo de tiempo en el que se había alejado de aquel mundo, de una vida insana. Fue durante su relación con Clary. Pero aquello había acabado, y como cabra que siempre tira al monte, Jace había vuelto al vivir inestable. A veces llegaba tarde porque se emborrachaba en algún bar. Pero otras veces sencillamente se sentaba en un banco a pensar. Al principio sólo lo hacía una vez a las mil, pero poco a poco el mundo de Jace se iba arrugando como una bola de papel usada, y queriendo que nadie más se diese cuenta de su estadono prefería pasar sus horas de reflexión donde su familia no pudiese verle. Entró en el Instituto, con su característico sigilo similar al de un gato. Pese a que llevaba una camiseta gris de manga corta, parecía confundirse con total naturalidad con las sombras que le rodeaban. Aunque por lo visto no fue suficiente para que alguien no le detectara. Iglesia se restregó contra su pierna, y Jace le mandó con la mirada una amenaza que parecía decir: si maullas, te tiro por la ventana.

Se dirigió a la cocina, acompañado por un rugido provinente de su estómago y por el gato. Sin embargo, estaba demasiado cansado como para ponerse a comer. Así que abrió la nevera y bebió directamente del cartón de leche, sabiendo que Isabelle probablemente le reñiría si le viese. Cerró la nevera y puso dirección a su habitación, aún en su mundo. Dejó al gato fuera, porque la última cosa que quería era dormir con una bola de pelo en los pies. Entró en el baño y observó su reflejo. Leves manchas violáceas empezaban a adornar la parte de abajo de los ojos, signo que demostraba que había estado sometido a muchos problemas los últimos días. Se lavó la cara con agua fría, que aumentó la sensación de frialdad que sentía en el corazón. Se desvistió en silencio hasta quedar en ropa interior, para luego encaminarse hacia la cama cual zombie en busca de un cerebro. Dormir, sólo necesitaba dormir. Y sin embargo, al cerrar los ojos pesadillas del mundo real le atormentaban, así que rindiéndose a no poder dormir, se levantó de nuevo. Se vistió, y sin ser consciente de a dónde se dirigía, dejó que los pies le guiaran. Era de esperar que su subconsciente le guiara aquel lugar, porque siempre se retiraba allí cuando necesitaba estar consigo mismo. El invernadero. Entró, todavía sin hacer ningún ruido. Iglesia volvió a aparecer de la nada, para no variar. Esta vez dejó que se quedara con él, sólo por tener un poco de compañía.

Se paseó a sí mismo entre las plantas, como si así pretendiese llamar al sueño que le había abandonado. Pese a que estaba masacrado, no podía dormir. Ironías de la vida, qué se le va a hacer. Se sentó en un escalón, con la espalda apoyada en la pared. Cerró los ojos y vio a su padre. Su falso padre. Valentine. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Jace apretó los dientes al recordar su infancia. Fueron tiempos muy duros, difíciles a más no poder. El cariño había brillado por su ausencia siempre, nadie tiene tiempo para un abrazo en los callejones. Sólo reinaba un sentimiento. El odio. Odio puro y duro. Disciplina. Pero con odio, ya que era el único sentimiento que estaba permitido sentir. Los demás te destrozaban, según Valentine. Por mucho que seas el ser más puro del mundo, en aquellas circunstancias acabas mal, como le había pasado a Jace. Su suerte había sido poder salir de aquello, ¿qué sería de él si no hubiera escapado? Bueno, estaría acabado sin lugar a dudas. Pocos eran los que conseguían abrir las alas y volar tras haberlas tenido embarradas y atadas, pero Jace había sido uno de ellos. El mundo le había curtido, de eso no cabía duda. Acarició la cabeza de Iglesia, que se había sentado a su lado. Un tiempo indefinido después, el gato se levantó y con la cabeza alta con el orgullo que cualquier felino posee, desapareció por la puerta. El chico se sorprendió de lo humano que parecía a veces, ya que en ocasiones sus ojos tenían un brillo demasiado...poco gatuno. Por no hablar de lo inteligente que era, capaz de guiar a los invitados por cualquier rincón del Instituto. Un gato humano, eso era lo que parecía. Jace cerró los ojos de nuevo y echó la cabeza hacia atrás, obligándose a sí mismo a pensar en blanco.
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Jonathan C. Wayland
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Lun Sep 12, 2011 3:46 pm

Tenía frío, estaba empapada y olía mal. Pero no era aquello lo que realmente preocupaba a la muchacha de diecisiete años pelirroja, en cambio. Lo que sí era fruto de sus deliraciones, eran los acontecimientos de los últimos días. La joven no se había permitido pensar en ello demasiado, pues cuando lo hacía, el pecho se le encogía y notaba un fuerte dolor. Ese mismo dolor era el que después le asfixiaba, obligándose a recordar que aún tenía mucha vida por delante, y por ello, obligándose también a respirar. Pero, de todas formas, y aunque su madre no fuera consciente del daño que estaba sufriendo su pequeña, Clary sentía como un agujero en el pecho se le abría. Cada vez más negro, más profundo, más inaguantable. Era como estar pasando todos los días por la misma situación… y lo malo es que no podía olvidar. Dentro de su mente no cabía esa posibilidad, pues era imposible olvidar a un ángel. “Un ángel caído”, se dijo a si misma. Un diábolico ángel caído que la había hecho sufrir desde el primer momento en que se vieron en aquella discoteca llamada Pandemonium y ella supo que él interferiría en su vida de alguna manera u otra. Debió haberle hecho caso a su mejor amigo. Simon siempre supo lo que era mejor para ella… debió haberse quedado en casa. Pero entonces, jamás habría conseguido salvar a su madre, ¿verdad? Entonces jamás hubiera podido averiguar qué sucedió con ella. Si no hubiera regresado a casa… si no hubiera…

La chica se obligó a parar y mirar a su alrededor. Estar pensando en aquello hacía que el agujero de su pecho creciera por momentos, y no debía dejar, bajo ninguna circunstancia, que aquello sucediera. No debía dejar que los sentimientos acabaran con ella. “Amar es destruir y ser amado es ser destruido”. Ahora Clary podía comprender por fin a Jace, pero nunca pensó que el chico pudiera hacerle tanto daño. Dejando atrás esos pensamientos, o al menos, intentándolo, se encogió dentro de su chaqueta y caminó lentamente hacia el ascensor. A los mundanos les daba miedo aquella iglesia, la que se encontraba en el primer piso y que dirigía al Instituto, pero ella estaba más que acostumbrada. Pudo recordar perfectamente, mientras esperaba la llegada de aquella máquina que la llevaría directa a su hogar, el momento en el que le pidió a su madre vivir en el Instituto. Si ella era una Cazadora de Sombras, debía entrenarse, ¿verdad? Y por ello debía estar con los Lightwood. ¿Quién mejor para enseñarle como pelear que aquella familia tan amable en los que había creado vínculos tan hermosos? Nadie. Tenía la idea, también, de que Jace podría entrenarla… pero entre que Maryse y Jocelyn no estaban de acuerdo, y que Jace había cometido aquel fallo tan estúpido y tan irreversible ahora, jamás llegó a probarlo.

Con un chirriante e insoportable crujido, Clary observó como las puertas del ascensor se abrían de par en par. Se adentró en el cubículo y en cuestión de segundos estaba en la planta de arriba. Sabía que no debería haber llegado tan tarde, pero quería estar sola, pensar en lo sucedido, tomar medidas sobre ello y al menos, no hablar con nadie durante un largo período de tiempo, pues no estaba de humor para ello y no quería pagarlo con sus seres queridos. Maldijo el momento en que comenzó a llover en Central Park y el tiempo la obligó a volverse, pero… de todas formas, no tenía pensado volver a su habitación y quedarse empanada mirando el techo sin nada qué hacer y sin poder dormir. Ahora que tenía frío, ahora que se sentía viva… prefería recordar los buenos momentos pasados con Jace, ¿y qué mejor lugar que el invernadero del Instituto? Se preguntó dónde se encontraría Iglesia, y al momento apareció a su lado, maullando en voz baja. La acalló con un gesto de la mano y el gato salió corriendo en dirección a la cocina. Ella se encogió de hombros y subió las escaleras que llevaban al invernadero, aunque… lo que nunca esperó encontrarse allí fue lo que se encontró. A un ángel caído del mismísimo cielo, un ángel que se encontraba allí, no para hacerle recordar los buenos momentos, sino los malos. La chica giró sobre sus talones, dispuesta a marcharse de aquel lugar. Al fin y al cabo, estaba segura de que haberse trasladado allí no había sido buena idea. Tendría que haberle hecho caso a Simon.

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“And now I’m looking at you,” he said, “and you’re asking me if I still want you, as if I could stop loving you. As if I would want to give up the thing that makes me stronger than anything else ever has. I never dared give much of myself to anyone before – bits of myself to the Lightwoods, to Isabelle and Alec, but it took years to do it – but, Clary, since the first time I saw you, I have belonged to you completely. I still do. If you want me.”
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 12, 2011 4:41 pm

Jace cerró los ojos de nuevo y echó la cabeza hacia atrás, obligándose a sí mismo a pensar en blanco. No pudo. Por mucho que se empeñase imágenes pasaban fugazmente por su cabeza, recordándole todo lo que había tenido y todo lo que había perdido. Habría sido muy fácil culpar de aquella situación a Isabelle, pero Jace no lo hacía. Era plenamente consciente de que había sido culpa suya, y en todo caso de Aline que se había aprovechado de las circunstancias. Mucha gente suele desear olvidar el pasado, o al menos dejar atrás malos momentos. Sería mentira el afirmar que Jace nunca quiso poder resetearse el cerebro, pero él mismo se autoconvencía de que olvidar no era lo solución. Él era quien era gracias a sus vivencias, eso lo tenía claro. Tal vez habría sido un chico encantador de no ser por la dura infancia que tuvo. O tal vez no, quien sabe. De ahi que él no quisiera olvidar. No es que estuviese orgulloso de quien era, o quien no era. Pero no podía volver atrás y cambiar nada, y él eso lo tenía más que asumido. El pasado, pasado está. En la vida sólo se puede ir en una dirección, adelante. Y nada más. ¿Y el remordimiento? Es tan inútil como una mordedura de un perro a una piedra. Aunque él no podía evitar sentirlo. Pese a que por ejemplo aquella noche estuviese consumido por la fiebre, tal vez habría podido resistirse más...podría haber evitado. Siempre los podría, o los y si...Las dudas, las vueltas al pasado nunca le abandonaban.

Por culpa de aquella noche Clary no le dirigía tan siquiera la palabra. Y Aline...se empeñaba en seguir conquistándole. Una especie de suspiro escapó de los labios entreabiertos del muchacho. Una parte de sí mismo -la educada por Valentine probablemente- se odiaba a sí mismo por estar pensando en aquellas tonterías teniendo unos demonios asesinos rondando por la ciudad. Él, no debería preocuparse por aquello. Él, había recibido una educación a prueba de sentimientos. Él, estaba por encima de todo aquello. O al menos eso hubiera querido Valentine. Pero por suerte o por desgracia, no era así. Jace se veía constantemente dominado por aquellas debilidades, y su insomnio no era más que otra prueba de aquello. Seguro que alguien sin sentimientos podría dormir sin problema alguno. Jace intentó recordar la última vez que había dormido de un tirón. Y no pudo. Las pesadillas solían atacarle noche sí y noche también, provocando que su sueño fuese escaso e irregular. Y eso cuando se acostaba, porque las noches de juerga acababan cuando el sol ya casi asomaba por el horizonte.

Escuchó unos pasos acercarse por el pasillo del invernadero. Jace no se movió un ápice, repentinamente transformado en una estátua de mármol. Quedó totalmente inmóvil, probablemente porque había reconocido a quien pertenecían aquellos pasos. Ni siquiera abrió los ojos, excepto cuando ella ya daba media vuelta para irse sin mediar palabra. Entonces la vio. Era ella, como bien había averigüado. Solo que estaba totalmente empapada. Y pese a que la noche no era demasiado fría -al menos Jace iba en manga corta- el chico supuso que Clary debía estar congelada. Se levantó rápidamente sin pensar, cogiendo una de las mantas que él había traído con anteriodad para noches frías de invierno en las que se refugiaba allí antes de todo aquello. Un tiempo antes, habría sido él mismo quien le habría echado la manta por encima, y tal vez después la habría abrazado por detrás. Pero las cosas habían cambiado, y mucho - Clary...- la llamó. Su voz sonó algo ronca, probablemente porque hacía un rato que no pronunciaba palabra alguna -...te vas a congelar. - añadió, con los ojos entrecerrados, escrutándola. Desde aquel día no había estado a solas con ella, y el corazón de Jace latía algo desacompasado. La echaba de menos, eso no podía negarse de ninguna forma.
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Lun Sep 12, 2011 5:19 pm

A pesar de haber girado sobre sus talones y no haber observado a penas al muchacho que se encontraba allí, su imagen había quedado grabada a fuego en la mente de Clary. La chica no recordaba tan delgado a Jace, incluso en el período de tiempo en el que había estado enfermo en la cama, sin casi poder moverse. No comprendía como siquiera había podido acabar haciendo eso con Aline… pero confiaba en la palabra de Isabelle. La hermana adoptiva de Jace no tenía porqué mentirle, ¿verdad que no? Aún sabiendo que seguramente aquello destrozaría la relación entre los dos jóvenes, se lo había contado sin preámbulos. Y lo cierto es que cuando la llamó por teléfono, su voz temblorosa y ronca, la asustó. Al principio Clary pensó que Isabelle se refería a que le había sucedido algo a Jace… y se asustó también. Las dos gritaban vía telefónica, y Clary estaba más que desesperada. Intentaba comprender las enrevesadas palabras de Isabelle, pero simplemente no podia. Así que colgó, diciendo que llegaría en pocas horas al Instituto, pues de la casa de Simon hasta allí no había mucho… si no se contaba el tráfico que siempre había en Nueva York. Clary se decía a veces que no existía método para crear más aparcamiento en las concurridas calles de su querida ciudad. Así que, prometido lo prometido, cogió un taxi, el cual la llevó directamente a las puertas de la iglesia abandonada… o al menos eso es lo que tendría que ver el taxista, un hombre mayor de tez pálida y pelo canoso.

Nunca le había gustado el pelo canoso, porque le recordaba a la nieve. A las montañas siempre nevadas… y a Clary no le gustaba el frío. Se dio cuenta en esos momentos de lo que era sentir frío de verdad. Al recordar, de nuevo, la imagen de Jace, rígido como una piedra, con los ojos cerrados, aguzando el oído. Como si la hubiera estado esperando desde siempre. Ella sintió frío. Mucho. Demasiado. Un ángel, sin lugar a dudas. Le hubiera gustado decirle que se quedara quieto, que enseguida volvería con su material de dibujo. Aquella sería la respuesta que le habría dado de no haber estado enfadados. Pero, en cambio, lo estaban, y a Clary le repateaba no poder sentarse con tranquilidad frente a él y dibujar el rostro del joven mientras él parloteaba sobre sus buenos tiempos en Idris. Aunque jamás le saldría bien dibujar el rostro de su amado. ¿Cómo se podía dibujar un rostro tan perfecto? A pesar de las cicatrices que cubrían la superfície de su piel y esas runas que ella había tomado por tatuajes la primera vez que le vio. Ella las veía hermosas. Quizá estaba demasiado embelesada por su belleza, tanto, que en ese momento no podía pensar. Y era el momento en el que más necesitaba su conciencia de su lado, sino, estaría perdida.

Cuando la muchacha escuchó su nombre, pronunciado por las cuerdas vocales de Jace, sintió como las piernas comenzaban a flaquearle. Pidió al ángel Raziel, y no a Dios, pues ya se había acostumbrado a ello, que la mente no le fallara en ese momento. “Al menos no le mires a los ojos” se recordó a si misma, mientras apretaba la mandíbula con fuerza y se quedaba muy quieta. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Debía irse y pasar de él, como una completa mal educada? No, no pensaba ponerse a su nivel. ¿Debía chillarle, aparentar (o más bien dejar claro) que estaba desesperada? No, tampoco podía hacer aquello, pues entonces él se aprovecharía. Rebuscó en su cabeza, y una vocecilla le recomendó una idea estúpida, pero que ella llevaría a cabo sí o sí. Interpretar a Jace. Hacer como si todo le resbalara, aunque en esos momentos, después de haber intentado huir, fuera casi imposible rebobinar. Tragó saliva con sonoridad y se giró hacía su ángel, que aguardaba una respuesta. Pasó su mirada levemente por las manos de él, que sostenían una manta. – Gracias. – susurró. – Pero tengo mantas en mi habitación. Así que lo mejor será que vaya… me duche… y duerma un poco. – comentó, intentando por todos los medios no mirarle a los ojos. No podría soportar ver esas medias lunas, que seguramente, y como siempre, cubrían el bajo de sus ojos.

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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 12, 2011 5:56 pm

Desde aquel día no había estado a solas con ella, y el corazón de Jace latía algo desacompasado al haberla visto. La echaba de menos, eso no podía negarse de ninguna forma. A veces se preguntaba, ¿por qué?. Es decir, veía normal la etapa en la que echó de menos a su padre, puesto que había pasado más de media vida con él. Pero...y ¿Clary? Con ella no había pasado años. Y sin embargo, a ella la extrañaba más que a cualquier otro ser. Recordó cuando un tiempo atrás se recordaba que no podía perderla, que eso nunca podía ocurrir. La había perdido parcialmente sí, pero al menos estaba viva. Aquello era lo único que probablemente sostenía a Jace en aquellos momentos. El hecho de saber que ella estaba bien. En cambio, si ella moría......todos sabían lo que pasaría. Jace volvería a la mala vida como en aquel momento, pero multiplicado por 1000. Eso si podía continuar en el mundo después de perder a Clary. Viviría muerto por dentro, puesto que sus razones para vivir habrían quedado ocultas tras una muerte que no podía permitirse. Si ella había sido su conexión con el mundo real, por decirlo de alguna forma, esta conexión se rompería si ella desapareciese. Jace no tenía claro lo que sucedería consigo mismo. O sí, pero no quería admitirlo. Aquellos pensamientos eran demasiado fúnebres -y espantosos- incluso para él. Y eso que él era el dueño del masoquismo, de autotorturarse con recuerdos que nunca podrían volver. Sacudió la cabeza levemente, como si con aquel gesto pretendiese echar los pensamientos como si de basura se tratase.

Levantó seguidamente la mirada hacia ella, los ojos leonados cruzados por pequeñas venas rojas. Y quiso pedir perdón. No sólo por aquella noche, sino por muchas cosas. Recordó un fragmento de algún libro, que le vino repentinamente a la cabeza al vivir él mismo aquella escena. Lo siento. Siento no haber estado ahí cuando lo necesitaste. Siento no haberte agarrado fuerte la mano y no habértela soltado nunca. Siento no haber pisado aquel suelo solo para verte. Siento no haberme armado de valor y haberte dicho lo mucho que te quería, aunque en ningún momento de mi vida te lo dije. Y eso también lo siento. Siento haberme olvidado de ti en los momentos más difíciles de tu vida. He de decirte que nunca te olvidé, no te olvido ni te olvidaré. Solo tenía miedo de afrontar la realidad. Te ibas. Para siempre...Era precisamente, lo que él sentía. Exactamente aquello. Porque él mismo no le había dirigido la palabra después de que ella se la negase. Porque no había insisitido en excusarse o disculparse. Porque ni siquiera había sido capaz de ir él mismo a ver si estaba bien, tan sólo se había servido de Alec e Isabelle. Sólo se había quedado quieto, con la mirada perdida y sin negar ninguno de los insultos que Clary le había dirigido. No se había molestado en negarlo. Había susurrado un simple lo siento, probablemente demasiado bajo para que ella lo escuchase. Pero no se lo había vuelto a decir.

No había tenido el valor suficiente de plantarse delante de ella y pedirle perdón. Sólo era un cobarde. Un maldito cobarde. Nunca había sido capaz de pedir perdón, por mucho que lo sintiese de todo corazón. Probablemente aquello también se debiese a haber sido educado como un reprimido, quien sabe. Pero estaba ahi. No podía, le costaba horrores. Y más en aquel momento en el que la culpa pesaba sobre él cual lápida de mármol. Ella respondió en aquel instante, y al escuchar su respuesta, el chico reaccionó como si le hubiesen tirado un cubo de agua fría. Dolido por su impasibilidad, fue totalmente incapaz de pedirle perdón en aquellos momentos. Y pese a que quería pedirle que no, que se quedase, que necesitaba verla un poco más, no pudo. El orgullo actuó de nuevo, haciendo que respondiese con la misma impasibilidad que ella había usado -Despertarás a todo el Instituto. - comentó mirándola fijamente, haciendo referencia a la ducha que ella había dicho que quería tomar. No, no se le ocurrió nada mejor que decir para hacer que se quedase. No iba a pedírselo, no estando ella tan...así. No. Así que se tragó sus palabras, y mantuvo el gesto firme y orgulloso que le caracterizaba.
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Lun Sep 12, 2011 6:33 pm

Y Clary había corrido. Hasta no poder respirar más, y con la respiración entrecortada, había llegado al Instituto, seguida de Simon. Como era evidente, el vampiro diurno se quedó sentado en uno de los bancos que poblaban la concurrida calle de la iglesia abandonada. No entró siquiera al jardín, no se dignó a hacerlo. O más bien, no se atrevió. Ya había tentado demasiado a su suerte al aliarse con Jace para que Clary no pudiera acudir al viaje a Idris. La muchacha miró al frente, pero no veía al joven que tenía delante, pues estaba perdida en los recuerdos. Sí, recordaba muy bien como había entrado, desesperada por saber como se encontraba Jace, en los pasillos del Instituto. Había corrido hacia las habitaciones y entonces se había chocado de pleno con la espalda de su enamorado, haciendo que casi se cayera de culo al suelo. El joven lo había impedido, abrazándola, pero Isabelle había corrido a separarlos enseguida, hablando incoherentemente. No parecía Isabelle. Ella no era así… en contadas ocasiones hablaba de esa forma o se movía tan descompasadamente. Llamaba mentiroso a Jace, y juraba por su vida que pagaría aquello. Clary recordó la presión de la mano de su amiga sobre su brazo, arrastrándola hasta la cocina y acorralándola contra la nevera, dónde seguramente, unos restos de algunos spaghetti malísimos (hechos, como no, por la misma Isabelle) descansaban con tranquilidad.

La hermana adoptiva de Jace le había contado a Clary lo que había visto, mientras la pequeña, en comparación con Izzy, lloraba desconsoladamente. Una cosa es que hubiera pillado a Jace en Idris con Aline, cuando pensaban que eran hermanos, y otra muy distinta, que mientras ellos dos estuvieran saliendo, él se acostara con otra. No le impotaba que fuera Aline… el hecho era que le había sido infiel, por muy inconsciente que fuera de aquel hecho. Y eso ella no se lo perdonaría. También recordó, mientras apretaba los puños con fuerza, como había apartado a Izzy de un golpe, y había corrido hacia la habitación de Jace, insultándole a más no poder. Empujándole. Pegándole. Descargando toda la ira que había aguantado dentro contra él. Como si fuera un tsunami, de los que se llevan todo lo que encuentran por delante. Clary se llevó por delante a Jace, sin darse cuenta, y ahora la joven no podía darse cuenta de lo mal que estaba el muchacho. Y de todas formas, le daba igual, o al menos eso decía, porque en una ocasión Isabelle le dijo que Jace no mentía. Y ella misma había comprobado que sí lo hacía.

Clary hizo una mueca, sacudiendo la cabeza. No quería que aquellos recuerdos le fastidiaran la noche. Pero ya lo había hecho Jace por si solo. Qué manera tan bonita de romper un momento angelical para la chica. Clary se pasó las manos por el pelo, en un intento desesperado por peinarselo. “Sécate”, ordenó. Pero ella no era bruja… no podía hacer nada al respecto. Se resignó a resoplar en voz baja y a aceptar en silencio la manta que Jace le tendía. Se la puso alrededor de los hombros y comenzó a caminar por el invernadero, alejándose un poco de su querido… ¿amigo? Y justo paró en el lugar de su primer beso. Ladeó la cabeza y se agachó, observando con fijeza el suelo, aguantándose las ganas de llorar. Era una maldita débil. – Manzana – susurró para sí misma, mordiéndose el labio inferior al recordar el sabor a manzana de la boca de Jace. Y enseguida me puse muy roja. Me levanté y me arrebujé bajo la tela calentita de la manta y miré mis ropas empapadas. – Debería poner a secar esto… - se quejó, evitando, por enésima vez, al joven.

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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 12, 2011 7:23 pm

No, no se le ocurrió nada mejor que decir para hacer que se quedase. No iba a pedírselo, no estando ella tan...así. No. Así que se tragó sus palabras, y mantuvo el gesto firme y orgulloso que le caracterizaba. Porque al fin y al cabo él era Jace. No cualquier chico con el corazón hecho añicos no, él era Jace. Y Jace podía con cualquier cosa...¿verdad? Sin embargo, pese a los ánimos que intentaba darse, el chico seguía casi con avidez los gestos de la pelirroja. Le gustaba hacerlo, observarla. Incluso cuando estaba enfadada seguía siendo la cosa más bonita a ojos de Jace. Cuando ella le cogió la manta que seguía sosteniendo, retiró la mano con rapidez, como si aquel gesto amable inpropio en él le repeliese. Se llevó la mano a la nuca, su cuerpo demostrando de forma inconsciente que estaba nervioso. Muy nervioso. Ni siquiera sabía cómo comportarse, así que se dedicó a seguir observándola mientras ella se separaba de su lado y paseaba por el invernadero como él había hecho anteriormente.

Cuando ella se paró en seco, Jace no supo ni hacia donde mirar. Sabía por qué había parado allí, o al menos lo presentía. Habría sido bonito decir que el chico no tenía ni idea de lo especial de aquel lugar, pero sería la mentira más grande del mundo. Lo sabía de sobra. Allí fue la primera vez que se lanzó. No podía hacer mucho tiempo, meses quizá. Y sin embargo a él se le antojaban décadas desde aquel instante. Habían pasado tantas cosas...Había cambiado tanto todo. Nada era como entonces, el mundo de Jace se había revolucionado y mudado de parecer como si de una serpiente con una piel nueva se tratase. Todo era diferente...Jace no sabía qué era lo que le había hecho al karma para merecerse todo aquello, pero debía haber sido algo gordo. Si no, no había explicación congruente a todo aquello. Primero su padre. Luego que era hermano de Clary. Después ya no, y ni siquiera Valentine era su padre. La guerra. Max...Max. Se le hizo un nudo en la garganta al pensar en él. Su hermano pequeño. Max Lightwood. Las manos de Jace se convirtieron en puños sin que este se diese cuenta. Apretaba tanto los dedos -debido a la rabia contenida- que los nudillos habían empezado por emblanquecerse. Las uñas dejaron leves heridas en la palma de la mano del chico, puesto que se habían clavado como espinas de una rosa. Aquella muerte podría haberse evitado, Max no merecía morir. Sólo era un niño. No había llegado a vivir como era debido.

No había sentido nunca las ganas de querer escapar de casa para jugar con sus amigos a algún juego inocente. No había ido al colegio. No había sentido un sentimiento totalmente nuevo por alguna chica, no le había dado tiempo. No había podido acabar la colección de cómics que tanto le gustaban. No había podido ejercer de cazador como tanto deseaba. No había sentido nunca la adrenalina de la lucha. No se había sentido totalmente libre al conducir un coche a velocidad demencial. Nunca había ido a una fiesta. No había aprendido aún el manejo de las armas, y ni siquiera había recibido su primera runa. No había aprendido a mentir a sus padres para poder salir, aún no. No había podido comprobar cuántas personas con sus aficiones frikis habían desperdigados por el mundo. No había podido formar equipo con Clary, Izzy, Alec y Jace. Y ya nunca podría. Porque estaba muerto, y Jace tenía claro que de ahi no vuelve nadie. Nunca podría hacer aquellas cosas, porque era un niño cuando el último aliento de vida había desaparecido de su cuerpo. Tal vez por el cansancio, o tal vez por recordar a Max, los ojos de Jace le empezaron a escocer. Hizo un enorme esfuerzo por tranquilizarse, y lo consiguió...más o menos. Escuchó que Clary murmuraba algo, pero no llegó a entender lo que era. Debería poner a secar esto…, dijo a continuación. Jace luchaba por romper el nudo que ataba su garganta. - Clary, yo...- empezó a decir, pero se interrumpió a sí mismo. -¿Estás bien?- preguntó, dejando atrás la frase que iba a pronunciar. El estás bien que había pronunciado se refería al hecho de que ella se quejaba por estar empapada, pero de forma oculta parecía querer saber mucho más. Que si estaba bien por todo lo que había ocurrido, que si seguía odiándole, que si...que si era feliz sin él.
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Lun Sep 12, 2011 7:49 pm

Un golpe tras otro. Uno. Dos. Y uno. Y dos. Y otra vez. Y volvemos a empezar. Maldito Jace y malditas sus manías. Malditas manías y maldita la madre que parió a Jace. Y maldito el monstruo que le hizo hacerle como era. Y maldito el destino por haber hecho que se encontrara con ella. Por haber hecho que se enamoraran, que se sintieran tan atraídos el uno por el otro de tal manera que… ni siquiera la muerte sería capaz de separarlos. O al menos eso es lo que había pensado Clary cuando las cosas iban bien entre ellos. Ahora que Valentine no existía… ahora que ella le había devuelto al vida. Ella, que por él lo daría todo. Ella, que por él dio algo que los Cazadores de Sombras jamás podrían dar. Ella, que le quería más que a nada en el mundo. Sí. Aquel muchacho se había ganado no solo el corazón de la chica, sino su amor, su aprecio, su desprecio y su odio. Se había ganado todo de ella, y Clary no era capaz de comprender como se podían sentir tantas cosas a la vez hacia una misma persona. ¿Cómo había hecho Jace… cómo… para conseguir que Clary se sintiera tan confusa que le dieran ganas de vomitar?

Porque esa era la verdad. Clary tenía ganas de echarlo todo, de vomitar lo poco que había comido. Fue entonces cuando cometió un craso error. Ladeó la cabeza hacía Jace y lo vio, allí, plantado bajo la luz de la luna que entraba a raudales por los cristales del invernadero. En otra época, por allí habría estado revoloteando un pajarraco horrible al que ella no soportaba, pero en ese momento reinaba una paz absoluta en el lugar. No se escuchaba ni un alma, solo existían Clary y Jace, que se miraban mutuamente con gesto dolorido. Pero ninguno de los dos parecía ser capaz de darse cuenta del sufrimiento del otro, ni del porqué. Clary observó con detenimiento las media lunas azules que cubrían el bajo de los ojos de Jace, y suspiró. Lo había sabido desde un primer momento: Jace no estaba durmiendo bien aquellas noches. Además, estaba muy delgado, como si algo se lo hubiera estado comiendo por dentro. La muchacha lo miró con más atención, entrecerrando los ojos para que él no pudiera ver cuán rojos estaban. Tenía el pelo rizado revuelto y enmarañado y parecía tener más cicatrices en sus brazos. ¿Qué había estado haciendo esos días? ¿A qué se había dedicado?

La joven no pudo evitar pensar que le podría haber pedido cualquier otra cosa al ángel. Podría haberle pedido salud para su madre. Podría haberle pedido riquezas. Fortuna. También podría haberle pedido vestidos como los de Isabelle, o que le cambiara el alma por la de Izzy. Podría haber pedido que Simon se volviera a enamorar de ella, para así tener a alguien a su lado, reemplazando a Jace. Pero no. Clary fue egoísta, y pidió a Jace. Porque era lo único que valía más que cualquier cosa en el mundo. Era el único que valía más que Max. Porque sí. La muchacha también podría haber pedido que el ángel trajera de vuelta a la vida al pequeño de los Lightwood… pero no lo hizo. Ni siquiera pensó en él. Solo pensó en que tenía una oportunidad, y a Jace desangrándose entre sus brazos. Jace se moría. Clary le estaba perdiendo. Justo como en esos momentos. – Sí. ¡Perfectamente! – exclamó la chica, saliendo de su ensimismamiento. Fue a dar un paso, y su pierna se enredó con una planta. Aquello hizo que, con la torpeza y el aturdimiento que llevaba encima Clary, ésta cayera al suelo, doblándose un tobillo. - ¡Auch! – se quejó, masajeando la parte dolorida, pero por más que intentaba levantarse, no lo logró. - ¡Claro que estoy bien! ¡Estoy en el suelo, con el tobillo dolorido, empapada y encerrada en el invernadero con Jace Wayland, el chico al que todas desean! – gritó, fuera de sí. Con la poca cordura que le quedaba, se dijo que era mejor no pegar voces, sino, despertaría a todo el mundo, y lo menos que quería era que Maryse los pillara en esa situación. - ¿Por qué no iba a estar bien, Jace? Creo que debes tener una buena respuesta para mi pregunta… eres tú el que me ha preguntado. ¿Por qué? – susurró, negando con la cabeza e intentando levantarse de nuevo. En vano.

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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 12, 2011 10:46 pm

El estás bien que había pronunciado se refería al hecho de que ella se quejaba por estar empapada, pero de forma oculta parecía querer saber mucho más. Que si estaba bien por todo lo que había ocurrido, que si seguía odiándole, que si...que si era feliz sin él. Que si le echaba de menos tanto como él a ella. Que si no le costaba dormir por las noches. Que si podía seguir, seguir con todo. Porque él aguantaría, eso sin duda. Mientras ella estuviese a salvo, Jace se mantendría en pie. Por Alec, por Isabelle, y por Max. Porque estaba seguro que Max se horrorizaría si le viese tan demacrado. Porque Alec e Izzy le necesitaban, en especial Alec. Mucho tiempo atrás se convirtieron en sus hermanos, y a los hermanos no se les abandona. Porque Jace se había dado cuenta con el paso de los años, de que muchas personas pasaban por su vida, pero sus hermanos siempre permanecían. Desde su llegada al Instituto, siempre que volvía la cabeza atrás ellos estaban allí. Apoyándole. Defendiéndole. Viéndole tal cual era y no tal cual se mostraba, atravesando su máscara de indolencia para encontrar al verdadero Jace. Tal y como consiguió hacer Clary en poco tiempo, y que ellos tardaron años en aprender. Tal vez por eso se había enamorado de ella, entre otras cosas. Porque ella aparte de mirarle, le veía. Era capaz de ver a través de muros de hielo y de un escenario en el Jace actuaba día tras día. Y porque era capaz de atravesar sus defensas, cosa que pocos más conseguían hacer. Todo un logro, sí señor.

Clary había conseguido amarle. No desearle como muchas, no. Amarle. Tal cual era, aceptando que quizás no fuese el mejor chaval. Que no fuese el novio que las madres querrían para sus hijas. Que tenía dos caras, como una moneda. Que no fuese...perfecto. Y aquello en un principio había sorprendido a Jace. Porque él había aprendido que los seres imperfectos no merecen más que odio y desprecio, que era lo que él recibía de Valentine. Su padre siempre quería más, nada era suficiente. Y Jace siempre quería complacerle. Su infancia se fue por un tubo, enfrascado como estaba en entrenar y poder ver un gesto de aprobación en el rostro de su progenitor. Pero siempre se sentía rechazado, porque fallaba. Para su padre siempre había algo en Jace que no estaba bien. Tal vez por eso, con el paso de los años empezó a refugiarse en una máscara. Una máscara de arrogancia e inseguridad que sólo ocultaba temores, inseguridad que habían arraigado en él desde niño. Y aquello sólo le trajo más mal a la larga. Recordó las noches cuando era más pequeño. Maryse iba a las habitaciones de Alec y Izzy a cantarles una nana para que pudiesen dormir. Pero a Jace nunca se la cantó. El niño parecía tan fuerte, tan...independiente, que Maryse nunca vio necesario prestarle esa atención. Porque él era Jace. Y Jace siempre estaba mejor solo...O al menos eso hacía creer a los demás.

Que ella medio gritase que estaba perfectamente, dio la sensación a Jace de que no era del todo así. No pudo parar a pensar mucho sobre si lo decía en serio o no, porque con toda su extrema agilidad, Clary cayó al suelo. Jace se movió con un rayo, acto reflejo suyo. A los pocos instantes, ya estaba a su lado. Se puso en cuclillas, intentando observar si el daño en el tobillo era grave o sólo era un golpe. Pero no pudo, porque acto seguido ella empezó a gritar como una condenada y Jace ya no pudo fijarse en el tobillo, ya que su mirada se desplazó para clavarse en la de ella mientras soltaba todo lo que tenía que soltar. En cualquier otra situación y estando Jace en perfectas condiciones habría conestado que sí, que tenía razón, que con él muchas matarían por estar. Pero ciertamente entre todo lo sucedido, el estrés, y el dormir poco le pasaban factura. Como si no fuera bastante con su repentino ataque, soltó "¿Por qué no iba a estar bien, Jace? Creo que debes tener una buena respuesta para mi pregunta… eres tú el que me ha preguntado. ¿Por qué?", que probablemente sentó peor a Jace que los anteriores gritos. Porque aquello era lo que más tenía. Aquella pregunta. Porque él sabía la respuesta. Sabía que si ella no estaba bien era simple y llanamente por su culpa. Sólo eso, su culpa. Carraspeó levemente - No debes estar bien...porque acabas de caer. - comentó, intentando evadir la verdadera pregunta, como si aquella pregunta fuese estúpida y la respuesta tan simple como esa. Desvió la mirada hacia el tobillo de Clary, tal vez para no ver la decepción en sus ojos - Una torcedura como esta no debe hacer cosquillas precisamente, y la educación que he recibido me obliga a intentar auxiliarte o a llevarte en brazos a la enfermería más cercana. Pero dudo que quieras que haga eso último. - parloteó, intentando recuperar a su antigüo yo. Deslizó las manos por el tobillo desnudo -se había encargado de retirar el zapato- de Clary con la misma suavidad con la que acariciaría a una muñeca de porcelana, intentando buscar cómo era de grave. - Tendrás que despedirte de los tacones una temporada...- continuó, como si ella no fuese la chica de su vida y él no estuviese deseando abrazarla, besarla, y pedirle disculpas por todo el daño que había causado. Como si a él no le doliese hasta mirarla, y sólo fuese una chica más que se había accidentado delante de él y se veía obligado a auxiliar.


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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Mar Sep 13, 2011 6:24 pm

Pensar en Max había hecho que recordara a la perfección al pequeño. No podía dejar de sentirse mal por solo pensar en ella misma cuando podría haberle pedido cualquier cosa al ángel. No. No lo hizo por la vida de Jace. Lo hizo por ella. Porque si él no estaba, si él no existía, ¿qué razón tenía Clary para vivir? ¿Cómo podría salir adelante? Después de conocerle, Jace era como una droga. No podía dejar de verle, pero tampoco podía mirarle a los ojos o sino, las piernas volverían a temblarle, el puso se le aceleraría y caería en redondo al suelo. Aunque, visto de otra forma, ya le temblaba todo el cuerpo. ¿Por qué no pidió que Max volviera a la vida? ¿O que todo el mal del mundo acabara? ¿Por qué pedió tener a Jace? Podía observale en ese momento, y a pesar de saber que algo le sucedía, no tenía ni idea de qué era. Seguramente aún estaba algo cansado del tiempo que había pasado enfermo, o quizá había tenido algún tipo de secuela al llevarse a una chica a su lecho estando en el estado en el que se encontraba. Si se lo hubiera pedido a Clary, ella hubiera dormido con él. Le hubiera dejado que le abrazara por dónde quisiera, que se acurrucara contra su pecho, como si se tratara de su propio perro. Como si se tratara de su hijo. Si se lo hubiera pedido, Clary le hubiera entregado su cuerpo cuando él hubiera querido. Porque él le importaba, y si se trataba de una necesidad física… aunque ella aún no estuviera preparada… se lo hubiera dado sin pensárselo dos veces.

Aunque, por más que le amara, también era difícil entregarle aquello. Ella no era de nadie, no era un objeto con el que se pudiera jugar. Y, en cambio, Jace la había utilizado como si se tratara de un pañuelo de usar y tirar. O al menos, era como la muchacha se sentía en esos estúpidos momentos, sentada en el suelo sin poder moverse casi. ¿Por qué siempre la chiquilla tenía la mala suerte de caerse en el momento menos adecuado? Estaba claro que era torpe, mucho. Y Jace se lo repetía día tras día. Incluso había llegado a decirle, allí en Idris, que no servía para nada… que ella solo le estorbaba. ¿Era eso cierto? Quizá simplemente había accedido a salir con ella porque se veía obligado a agradecerle de alguna forme que le hubiera devuelto a la vida. Pero, entonces, ¿por qué le había dicho que la amaba cuando no era cierto? Clary intentó retroceder en el tiempo, a través de sus vivencias. Recordaba vagamente haber besado a Jace y haber hablado sobre algo prohibido. ¿Sería verdad que a Jace solo le gustaba lo prohibido? ¿Por eso se había acostado con Aline?

Le dolía. A ella le dolía. Y mucho, que Jace hiciera aquellas cosas. Que un día el muchacho de ojos claros le dijera una cosa, y al siguiente pensara otra y no se lo comunicara. El joven tendría que haber sabido esperar… tendría que haber hablado con ella. Explicarle qué era lo que le preocupaba. La base de una pareja era tener confianza. También era cierto que aquello lo había leído en Internet, pero, ¿qué más daba? Lo importante era que Jonathan Christopher Wayland le había mentido. No tendría que haber retirado lo dicho… Jace se parecía a Valentine. Vale, en realidad no, pero era lo que Clary tenía ganas de decirle al chico. Quería gritarle, pegarle y empujarle. Reprcharle todo el daño que le había causado, y quejarse por el poco daño que ella le había hecho a él. Quería abrazar a otro. Besar a otro. Y restregárselo a Jace por la cara. Pero lo único que se lo impedía, era que simplemente, no podía abrazar ni besar a otra persona que no fuera él. Porque ella no se iba con la primera persona que pillaba. Ella solo amaba a un muchacho. Y resultaba que ese mismo muchacho era alto, de cabellos dorados y algo arrogante cuando se lo proponía. Entrecerró los ojos, observando más detenidamente la demacrada cara de Jace. Quería preguntarle qué tal se encontraba… poner una mano en su frente y averiguar si… sintió como su zapato se deslizaba y caía al suelo, mientras las manos del muchacho recorrían su pierna, en dirección a su pie, en búsqueda de una posible ruptura o algún esguince. Ella notó enseguida ese familiar corriente eléctrico que la envolvía cada vez que él la tocaba y ahogó un jadeo. Seguramente él pensaría que había sido a causa del dolor, pero lo cierto es que había sido a causa del simple contacto piel contra piel. Y Jace se equivocaba también en lo referido a llevarla en brazos, pero ella no iba a decir nada. – Sabes perfectamente que no me gustan los tacones, no soy como Isabelle… pero supongo que será un horror ir plana en la boda de mi madre y Luke – comentó Clary, siguiéndole el juego, pero enseguida, al ver la expresión de enfado, confusión y dolor de él, explotó. - ¡¿Por qué no dejas de hacerte la víctima, Jace?! ¿Por qué… por qué pones esa cara, eh? ¡No tienes ningún derecho a no mirarme! ¡O a mirarme de esa forma! Te lo dije y te lo repito de nuevo, Jace… ¿por qué no dejas de actuar como si todo te resbalara? – exclamó Clary, con las lágrimas aguándole los ojos. Chasqueó la lengua, se pasó una mano por el rostro y se ayudó de la pared del invernadero para incorporarse sobre el pie bueno. - ¿Sabes qué? Que me da igual. Me da igual como actúes… porque, al fin y al cabo, tú y yo nunca debimos estar juntos – susurré, impotente.

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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Jue Sep 15, 2011 7:18 pm

- Tendrás que despedirte de los tacones una temporada...- continuó, como si ella no fuese la chica de su vida y él no estuviese deseando abrazarla, besarla, y pedirle disculpas por todo el daño que había causado. Como si a él no le doliese hasta mirarla, y sólo fuese una chica más que se había accidentado delante de él y se veía obligado a auxiliar. Porque ella no era una más, eso había quedado claro tiempo atrás. Pese a que se hubiese empeñado en su tiempo en que lo fuera, no había sido posible. Ella no era una más. Ni siquiera un poco. Pero eso Jace no se lo diría, claro que no. Esas palabras probablemente no saldrían de sus labios jamás. Aunque bueno, quien sabe. Levantó la mirada de nuevo -la había desviado hacia su tobillo- para mirarla fijamente. Clary le miraba. La escasa luz hacía que la palidez de su piel se viese más destacada, y el cabello cobrizo pese a estar oscurecido seguía teníendo aquellos destellos pelirrojos que él adoraba. Ella parecía tan viva, pero a la vez tan irreal...Jace no podía apartar los ojos de ella, como si esperase que se evaporase cual humo en la chimenea. Pero no lo hizo, no se evaporó. Siguió ahi sentada en la misma posición en la que había caído, como tentando al cazador de sombras a que se acercase y comprobase si era real. Si realmente alli estaba la mujer de su vida, la única a la que había amado tanto como creía haber odiado cuando se enteró de que eran hermanos. Si era ella, Clarissa, o sólo una de sus muchas pesadillas. Muchos creían que Jace era extraño por el hecho de que gran parte de las veces se perdía en sus reflexiones. Pero no siempre eran reflexiones o pensamientos. Ni mucho menos. Constantemente los recuerdos le azotaban, llegando a él en forma de odiosas pesadillas que dejaban un brillo de tristeza antigüa en sus ojos. Y el brillo era lo único que le delataba esas veces, porque el cazador siempre se mantenía imperturbable. Y la persona que más poblaba esas pesadilas en las últimas semanas era...Clary. Su amor. Pese a que muchas veces eran recuerdos bonitos, de cuando compartían su vida en un tiempo fugaz, a Jace le dolían. Le dolían como si mil demonios arañasen su interior con garras de metal. Por eso él las calificaba de pesadillas. También pensaba en cosas que nunca habían pasado.

Muchas veces se sorprendía sí mismo soñando despierto en qué habría pasado si aquella fatídica noche no hubiese existido. Quería pensar que habrían sido felices. Pero en el fondo sabía que no. Casi a ciencia cierta. Al fin y al cabo, Jace siempre acababa destrozando todo lo que tocaba ¿no?. A lo mejor era mejor así...que ella le odiase. Al fin y al cabo el odio siempre es más fácil que llevar que el amor. Mientras duró fue bonito, feliz, e incluso divertido. Jace vivía en las nubes, volando más que andando, con la cabeza siempre distraída pensado en cómo estaría ella, qué estaría haciendo, si le echaría en falta. El sentimiento que les unía era muy fuerte, rozando el límite de la obsesión. La pasión descontrolada no suele acabar bien, pero como era lógico, en aquel momento sólo pensaban en amar. Si no se veían a diario, un dolor les oprimía el pecho y el vacío les llenaba el estómago. ¿Compensó todo aquello el dolor por el que pasaron antes? Todas las peleas, los problemas, el odio fingido, el haber sido hermanos por un tiempo...Si pudiera cambiar algo...¿quitaría Jace a Clary de su vida para ahorrarse todo aquello? Bueno, por mucho que el cazador se empeñase en creer que sí, la idea de no haber conocido nunca a aquella muchacha le retorcía las entrañas. Porque por mucho que quisiera odiarla y olvidar todo lo que sintió -y sentía por ella- no podía. Ella había formaba parte de su vida. Ella era su vida. Clary le había entregado su corazón y su confianza, y él sólo le había pagado con dolor. Se sintió como un monstruo, todo hay que decirlo.

La voz de ella llegó a Jace en un susurro cargado de impotencia, y por qué no, rabia. ¿Sabes qué? Que me da igual. Me da igual como actúes… porque, al fin y al cabo, tú y yo nunca debimos estar juntos. Él cogió aire, sorprendido. Entonces Clarissa, su Clary, se puso en pie de forma costosa, dejándole allí clavado en la misma posición. El cazador reaccionó a los pocos segundos, levantándose y cogiéndola de la muñeca cuando la tuvo a su altura para que no se fuese. La obligó a darse la vuelta, con la delicadeza que él usaba siempre con ella sin darse cuenta, como si pudiera romperse - No digas eso... - Murmuró con lentitud, con la voz sonando ronca tal vez por la emoción. Mantenía el rostro imperturbable, pero los ojos...Los ojos delataban muchas cosas. Decepción, por lo que ella acababa de decir. Dolor, porque aquellas palabras le dolían más que un demonio arrancándole la piel a tiras. Culpa, porque sabía perfectamente que todo aquello pasaba gracias a él - Tú me importas. - murmuró repentinamente, haciendo alusión a lo que ella había dicho de que todo le resbalaba - Y ya sé que servirá de poco, pero lo siento. Siento...todo lo que te he hecho. - acabó diciendo, como si de repente el valor le hubiese llenado por dentro. O tal vez se debía al sueño. Eso nunca se sabría. Pero al fin había dicho aquellas palabras que le comían tanto por dentro. Estaba cerca de ella, muy cerca, al cogerla de la muñeca la había acercado hacia sí. Podía oler su aroma, que pese a estar mezclado con olor a calle, seguía siendo inigualable para Jace. Porque al fin y al cabo, ella era Clary.
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Jue Sep 15, 2011 8:27 pm

Todo aquello, le estaba matando. Matando por dentro, porque sabía que aquello no era una simple pelea de pareja. Había visto suficientes veces pelearse a Jocelyn con Luke, y más en éstas últimas dos semanas, pero estaba claro que se trataba de peleas inocentes. Peleas que acabarían por arreglarse, quizá esa misma noche, mientras él le susurraba cosas bonitas y Clary se repantingaba en su habitación a llorar como una posesa por haber perdido a la persona más importante de su vida. También había aprendido de las relaciones Express de Simon y sus amigos. Esas que duraban una semana, porque Simon había decidido que le gustaba más el pelo rubio que el moreno. Relaciones que acababan porque ella se enfadaba, porque, obviamente, tenía el cabello del color contrario al que él había comentado que le gustaba. La chica debía admitir que siempre que observaba a su mejor amigo mantener una conversación de ese tipo con una de sus novias, se pasaba riendo toda la noche, mientras él comía palomitas y la observaba diciendo “no le veo la gracia” y le miraba como si se le hubiera muerto algún familiar. Ahora que se paraba a pensarlo, aún no le había comentado a Simon lo sucedido. Estaba segura de que seguramente lo sabría por otras fuentes (como es el caso de que, al estar saliendo con Isabelle de vez en cuando, ella se lo habría podido contar).

Sacudió la cabeza, saliendo de su ensimismamiento de golpe. No podía permitirse pensar en Simon en esos momentos. Era bien cierto que él era su mejor amigo, que iban a seguir quedando, pero debía aceptar que los dos se hacían mayores. Debía aceptar, que por mucho que estuviera atado a ella por los años, ahora se había convertido en una persona nueva… Contando su raza, su familia y su vida. Y contando, también, las chicas que le iban detrás. Debía aceptar que él escogería a una de las dos, en preferencia a Isabelle, pero Clary no tenía ni voz ni voto en aquel aspecto, y ella quedaría medio en el olvido cuando el muchacho se lo propusiera. Echaba de menos volver a casa y encontrar a Simon jugando al Mario Car con la Nintendo DS. Echaba de menos las charlas del joven, sentado en su cama, jugueteando con sus mangas mientras ella intentaba concentrarse en un problema de matemáticas. Echaba de menos, también, los continuos cambios de nombre del grupo de Simon. Sus múltiples novias. Su bipolaridad. Su don para hacerla enrojecer al mínimo comentario. Los recitales de Eric, mientras su amigo revolvía el café, diciendo siempre que le gustaba solo… y negro. Negro como su alma. Vaya ignorancia tan grande. Vaya ironía. Ahora su alma si que era negra, y de verdad. Clary pensó que Simon jamás se atrevería a bromear con ese tipo de cosas. ¿Influiría en algo que él fuera judío? La joven suspiro y se dijo a si misma que no valía la pena preocuparse en esos momentos por su mejor amigo, pues él estaba bien. Pero lo cierto es que lo había hecho justamente para olvidar un rato su situación con Jace.

Clary comenzó a caminar con lentitud, apoyándose en todo momento en la pared de cristal del invernadero y arrastrando su débil pie tras de sí. Se encontraba mal, y no solo por el dolor del tobillo, que remitía, pero en muchos momentos volvía y con fuerzas renovadas, sino también por el agujero que se abría cada vez más en su pecho. Había intentado no pensar en él, no pensar en ese dolor constante al respirar, pero ahí se encontraba de nuevo. Estaba segura de que si alargaba la mano y se palpaba el pecho… podría sentir ese agujero vacío, al cual cualquiera le adjudicaría el color negro. Pero ella no se paraba a pensar de qué color sería, sino, a que le dolía y que no quería sentir ese dolor. Quería olvidar lo sucedido, abrazar a Jace y pensar que sería todo para ella, pero no podía. No debía perdonarle, porque quizá lo volvía a hacer y… volvió a repetir en su interior las palabras de Izzy. “Él nunca miente”. Pues sí que mentía. Pudo sentir su mano agarrándome por la muñeca, girándole con esa delicadeza que le caracterizaba. Insensible podía ser un rato, pero siempre la trataría como si de una muñeca de porcelana se tratara. Escuchó sus palabras en silencio, sin ser capaz en ningún momento de desviar la mirada de sus ojos. En un principio, se creyó capaz de echarse a sus brazos. Esa pasión que sentían el uno por el otro… no se había visto antes en la historia. A Clary le recorrió un escalofrío de arriba abajo y gimió, mientras sollozaba y las lágrimas empapaban por completo sus mejillas. Su cuerpo era atormentado por pequeños espasmos, provocados por el repetitivo llanto y sus ganas de pegarle puñetazos a un armario. Apretó los puños con fuerza y soltó su ira contra el pecho de Jace. Sabía que nunca conseguiría producirle verdadero dolor, pero al menos, ella se desahogaba. Se dejó caer contra el cuerpo de él, rindiéndose, al menos, a su perdón. Enterró su rostro en su hombro y continuó llorando allí. – No sé qué hacer, Jace… te odio. Y te amo. Lo sabes más que nadie… pero… ¿qué se supone que debo hacer cuando te has acostado con alguien a los dos días de comenzar una relación seria? ¿Qué pasó, Jace? ¿No te viste capaz de esperarme? Yo… te lo hubiera dado, ¡joder! ¡Lo hubiera hecho! Por ti… ¿por qué no me esperaste? – la chica seguía pegándole puñetazos en el pecho, pero entre los espasmos y el llanto, no era capaz ni de darle al blanco. Y él continuaba oliendo igual. A polvo, ceniza y humo.

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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Jonathan C. Wayland el Lun Sep 19, 2011 11:54 pm

Al fin había dicho aquellas palabras que le comían tanto por dentro. Estaba cerca de ella, muy cerca, al cogerla de la muñeca la había acercado hacia sí. Podía oler su aroma, que pese a estar mezclado con olor a calle, seguía siendo inigualable para Jace. Porque al fin y al cabo, ella era Clary. Y Jace amaba todas y cada una de las cosas que componían a Clary. Y sus defectos...Sus defectos la hacían única, inigualable. Su genio, sus palabras afiladas, su pequeño tamaño. A él le encantaba toda ella, y los defectos entraban en el pack. Si Clary llegase algún día a verse desde los ojos de Jace, no volvería a machacarse con sus supuestos defectos en toda la eternidad. Podría decirse que el chico llegaba al punto de hasta idolatrarla, y no en vano. Al fin y al cabo ella había sido la única que había hecho sentir al chico, y eso tenía mucho, mucho mérito. Desde el primer momento, había sentido una fuerte conexión con ella. Demasiado fuerte para ser buena. Pero ahi estaba, y por mucho que ambos se hubiesen empeñado por ignorarla, no lo habían conseguido. Jace había llegado a pensar que un cupido cabrón se estaba divirtiendo a lo grande lanzando flechas a personas para que sufrieran. Hasta ahi llegaban las reflexiones del cazador de sombras.

She just walked away. Why didn't she tell me? And where do I go tonight? This isn't happening to me. This can't be happening to me. She didn't say a word, just walked away...You where the first to say that we where not okay. You where the first to lie when we were not alright... La letra de una canción que Jace habría escuchado en algún lugar que no recordaba, le vinieron a la memoria. Sólo que Clary no había mentido en ningún momento, y no era la mala de la película. Tal vez si lo fuera sería mucho más fácil para el muchacho, así podría odiarla. O al menos intentarlo. Pero ya lo había intentado otras veces, entre ellas cuando se conocieron y cuando les dijeron que eran hermanos. Y ninguna de las veces lo había conseguido, cosa realmente frustrante para él, para qué mentir. En su defensa, cabía decir que él tampoco había mentido por mucho que se pensase lo contrario. No. Él nunca había negado que se había acostado con Aline. Y cuando él decía las cosas, lo decía de verdad. Las pocas veces que palabras sentimentales llenaban su boca, era porque el chico estaba realmente seguro de sentirlas. Una cosa había clara, si Jace lo decía, era porque ya le había dado muchas vueltas y había asumido que sí sentía algo. Porque a él le costaba sobremanera admitir ciertos...sentimientos. Probablemente si hubiera sido humano corriente estaría respirando con mucha dificultad, le faltaría el aire. Tal vez estaría conmocionado también, y con los ojos muy abiertos. Las palmas de las manos habrían empezado a sudar con el frío de las pesadillas y la incredulidad. El corazón se habría encabritado, latiendo como si pretendiera romperle el pecho. Y tal vez, solo tal vez, los ojos se le abrían puesto vidriosos. Pero él era de todo menos corriente, y nada de aquello sucedió. Jace sólo se había quedado quieto, con los ojos puestos en la pelirroja, y los labios entreabiertos sin llegar a decir nada. Aún estaba afectado por sus anteriores palabras, y en aquel momento se preguntaba si todo aquello no sería sólo una de las muchas pesadillas que le acosaban por la noche.

Y de hecho tenía muchas papeletas para serlo. Las palabras de Clary, diciendo que no debían haber estado juntos le dolían. Como cuchillos afilados, ardiendo, desgarrando. Él nunca, nunca, se había arrepentido de estar con ella. Sí se arrepentía de haberla herido...¿pero de estar con ella? Jamás. Y podía calificársele de egoísta, pero Jace no se veía sin Clary. ¿Qué pasó, Jace? ¿No te viste capaz de esperarme? Yo… te lo hubiera dado, ¡joder! ¡Lo hubiera hecho! Por ti… ¿por qué no me esperaste? Puñalada trasera. Sí, era cierto. Técnicamente él se había comportado como un cerdo. Pero no había sido del todo así. Jace habia estado enfermo, consumido por altas fiebres. Ciertamente aquello no justificaba nada, pero el hecho de que el chico apenas estaba consciente sí debería hacerlo. Clary empezó al golpearle, en el pecho. Realmente no le producía daño verdadero, en primer lugar porque la muchacha en aquel momento tenía de todo menos fuerza. En segundo lugar porque Jace llevaba toda su vida entrenando y luchando contra demonios, así que aquello no significaba mucho para él. Aún así, cuando ella hundió la cara en su hombro, le inmobilizó los brazos a los lados con un abrazo. Sentirla entre sus brazos era algo que hacía que sus latidos se acelerasen, pero quería mirarla a los ojos. Así que rompió el abrazo, pero siguió sujetando sus brazos agarrándola por las muñecas. Separó un poco la cara, lo justo para poder mirarla - Ojalá pudiera volver atrás, Clary. Pero no puedo...- Jace tenía los ojos clavados en los de ella, como si así pretendiese que Clary comprobase que no mentía - Lo siento. - repitió en un susurro, casi sin darse cuenta. ¿Que si no podía esperarla? Sí, por supuesto. Él, de haber estado en buenas condiciones, no habría hecho aquello. De eso estaba seguro. La habría esperado hasta el fin de los tiempos. Y así intentó explicárselo, pero las palabras no le salieron.
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Jonathan C. Wayland
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Re: Pensar en blanco (Clary).

Mensaje por Clarissa A. Fray el Miér Sep 21, 2011 6:48 pm

Mi cuerpo continuaba contorsionándose entre espasmo y espasmo. Parecía una niña pequeña a la cual le habían dado un caramelo enorme y al instante siguiente, se lo habían comido delante de ella. Si tuviera cinco años, se hubiera tirado al suelo, hubiera comenzado a patalear y a llorar hasta que los ojos se le hubieran quedado sin lágrimas, se le hubieran secado y se le hubieran salido de las orbitas por forzar tanto al ojo a hacer algo a lo que, sencillamente, no llegaba. Pero no era una niña pequeña. Aunque, mentalmente Clary pudiera recordar a una niña de doce años, la muchacha tenía ya diecisiete. Ya no era una cría que lloraba porque le habían quitado un caramelo… pero, en cambio, allí se encontraba. Llorando en brazos de su “caramelo”. De su estúpido e insípido caramelo. Clary era una chica inteligente y había sabido desde un principio que Jace no le convenía, pero no, no había hecho caso a los consejos de Simon. Ni a los de Luke. Ni a los de, hacía poco formulados, los consejos de su madre: Jocelyn. Ella había caminado hacía adelante, como si llevara una venda en los ojos y caminara dando palos de ciego. Como si estuviera jugando a la gallinita ciega.

Y no lo soportaba. No soportaba no poder besar a Jace. No soportaba no poder echar a correr. No soportaba no poder desaparecer. No soportaba no haber sido capaz de decirle no a Jace desde un principio, ni no haber sido capaz de no hacerle daño a Simon. No soportaba recordar el rostro de asco de Alec cuando se la encontró aquella vez en el pasillo, ni los comentarios irónicos de Jace sobre la cama temporal de Simon en el instituto y un posible trío. Tampoco soportaba no haberle podido enseñar a Max algo más sobre el manga. Ni no haber aprendido a tocar la guitarra ni el piano. No soportaba no poder patalear como una niña pequeña en los brazos de su madre… y, sobre todo, no soportaba estar oliendo a Jace y no poder lamer la piel desnuda de su cuello, ni meter sus pequeñas manos bajo la camiseta del joven y acariciar sus músculos. No entrenar con él. No salir con él. No abrazarle. No dormir con él. No reír con él. Llorar con él. Que no se dejara querer. Que no supiera quererla. Que le hubiera engañado. Que fuera sincero. Que nunca mintiera. Que no… que no la abrazara con fuerza en esos momentos.

Clary se dejó coger por los brazos, pues había gastado todas sus fuerzas en golpearle con rapidez, en vano. Lloró en su hombro todo lo que fue capaz, pero no quería que se le salieran los ojos de las orbitas, así que se dejó guiar por él. La separó de su cuerpo y ella gimió en voz baja. ¿Por qué no quería abrazarla? Nadie era capaz de comprender a Jace, y menos, de interpretar lo que pensaba o sentía. La joven se quedó mirándole, o al menos, eso parecía en un principio, porque en realidad se estaba viendo reflejada a si misma en la cristalera situada justo detrás de Jace. Entrecerró los ojos y pudo descubrir que tenía los párpados hinchados y rojos. Las mejillas estaban empapadas, eso podía notarlo sin mirarse en ningún sitio. Y tenía el cabello pelirojo enmarañado. Cogió aire, dejó de sollozar y pudo notar que ante las palabras de Jace, su cuerpo se calmaba. Ahora que estaba en contacto mínimamente con las palmas de las manos de él, se sentía mejor, y su cuerpo actuaba en consecuencia. - ¿Por qué te diculpas? No hace falta. – susurró, devolviendo la mirada a los ojos del joven. – Supongo que es normal – continuó hablando, lentamente, pronunciando cada una de las palabras con más cuidado del que nunca tuvo. Se estaba pensado demasiado qué diría a continuación. – que un chico como tú… que siempre ha tenido a mil chicas detrás… sepa controlarse ante tal situación, ¿no? – finalizó, lamiéndose los labios. Jadeó, ahogando un sollozo. – Pero lo que más me duele es que ni siquiera hayas intentado explicarme qué sucedió aquella noche. No me has dado una excusa. Simplemente me dices que lo sientes… pero no me has dado un porqué. Ni una solución a esto. ¿Qué se supone que debo hacer yo ahora? – se quejó, llevándose una mano al cuello y apretando allí con fuerza. Si era capaz de asfixiarse delante de él, mejor que mejor. Aguantó así un rato, mientras sentía como sus pulmones perdían fuerza, y después, cuando se sintió lo suficientemente cansada, dejó caer el brazo al lado de su cuerpo y miró con tristeza a su amado. – De todas formas, sigues pareciendo un ángel caído del mismísimo cielo. Aún no he sido capaz de dibujarte… también necesito respuestas para eso – frustrada, y mareada, se apoyó en él y su frente chocó contra la suya.

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“And now I’m looking at you,” he said, “and you’re asking me if I still want you, as if I could stop loving you. As if I would want to give up the thing that makes me stronger than anything else ever has. I never dared give much of myself to anyone before – bits of myself to the Lightwoods, to Isabelle and Alec, but it took years to do it – but, Clary, since the first time I saw you, I have belonged to you completely. I still do. If you want me.”
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